ÑAQUE: El cartel

La mejor manera de ilustrar una obra tan peculiar y especial, a través de su cartel, ha sido mediante la representación, por una parte, de la dualidad, ya que el peso de la obra recae sobre dos actores. A su vez, cada uno de ellos se identifica con los símbolos del tambor y la flauta, objetos que aparecerán en la representación de la obra y que se identifican con cada uno de los personajes.

Por otra parte, el círculo que forma los engranajes y que ocupan un papel principal en el cartel, representan la continuidad y evocan el paso del tiempo para trasmitir lo atemporal de la historia. Esos engranajes, que también reflejan la dualidad, son los propios actores en el escenario que, a su vez, se enlazan al público, tercer “personaje” de la obra y que está representado por muchos engranajes a modo de cabezas que miran al escenario.

Todo está conectado porque, como narra la obra, se necesitan entre ellos. El público y el actor son protagonistas por igual en el teatro. El estilo tiene connotaciones de Steampunk pero con un toque cálido para hacer el diseño del cartel más cercano y amable, algo muy importante para generar interés en el público objetivo.

Jesús Delgado
Diseñador Gráfico
www.jdcomunicacion.com

 

A la vista de cualquier persona, el cartel es atractivo porque el cerebro ve llamativo todo aquello que no entiende de entrada. La curiosidad y el comprender lo que nos rodea es una de nuestras inquietudes como seres humanos. De esta manera, con esta producción, rompemos con el tradicional cartel que todo el mundo espera: con una fotografía de los propios actores (recurso usado prácticamente en el 99% de todas las producciones teatrales de esta obra).

Seguro que el cartel no gustará a todo el mundo pero cumple su misión de informar sobre la obra y trasmitir su mensaje.